¿Quiénes somos?

Quienes hacemos La Plaga, somos tres educadores costarricenses que también hemos tenido alguna formación artística. Los tres somos defensores del idioma materno, aunque desde distintas posiciones. Uno es terriblemente dogmático, otro pragmático y el tercero, Roncahuita, que es el que firma, prefiere ocuparse de Cinearte, aunque hace sus contribuciones a La Plaga.


Tenemos a su disposición tres diccionarios (pulse sobre los enlaces para ir a ellos) :



Cuando hablen o escriban por favor...

" A SHAKESPEARE LO QUE ES DE SHAKESPEARE Y A CERVANTES LO DE CERVANTES."



martes, 6 de marzo de 2012

Proemio y manifiesto de las ‘49 cartas al (aún) idioma español’

Publicamos el prólogo a este importante libro del maestro Sergio Román A. En próximas 'entradas',publicaremos  sus cartas. Si están interesados en leerlas pronto, tenemos autorización del autor para difundirlas.Escriban entonces a nuestro correo rsrosales100@gmail.com










° MATERIAL PROVISIONAL, PERO YA DIFUNDIBLE.
SE ACEPTAN COMENTARIOS, SUGERENCIAS,
e, INCLUSO, DIATRIBAS a
CR, 6 de enero, 2012


Sergio Román Armendáriz

Proemio y manifiesto
de las ‘49 cartas al (aún) idioma español’


‘Mi libro no se produce en antesalas sino entre barriales y montaña’.
Max Jiménez Huete  (S.J., 1900 – Bs.As., 1947).
EL JAÚL (novela). Santiago de Chile, Editorial Nascimento, 1937.
(Pág. 8, de 162).
[1]


No soy un cruzado ni un iluso.

La asociación de usuarias y usuarios del castellano, a conformar, sólo servirá de lejano y mínimo contrapeso a la Academia de Madrid. Desde ahora, lo sé.

Menciono Madrid porque continúa, en cuestiones gramaticales, siendo la Real capital del antiguo imperio. Y menciono la academia porque allí se cocinan las decisiones lingüísticas. (Ya, en esa capital, sus miembros decapitaron la ‘ch’. Siguiendo tal ‘lógica’, en algún momento más o menos inmediato, lanzarán la ‘ñ’ y las tildes al despeñadero, para ir borrando –aun sin quererlo–, una a una, las singularidades de nuestra lengua materna. Cuando desaparezcan esas singularidades, ya no tendremos idioma, sino un amasijo blandito dedicado a los nuevos conquistadores. Pero tal imposición, no es inocua. Es ‘política’ porque el Poder atraviesa los distintos paisajes de la [in]comunicación verbal y verbo-icónica.)

Averiguar las razones o sinrazones de la academia, no es mi tarea.

Lo que se conoce, remite al acoso de catalanes, gallegos y vascos -de cerca-, y, -a lo lejos-, de yanquis y británicos y japoneses, beligerantes amos de la tecnología. Y, ahora, incluso, nos remite al acoso de los pomposamente autollamados hispanounidenses que quieren que el castellano se mal hable (y, por supuesto se mal escriba), al igual que los gringoides que entrevista CNN, el ministerio mediático de la CIA ‘en español’, presión que conspira contra nuestra lengua en Castilla y en sus excolonias.  

De allí, el subterfugio de apellidar ‘español’ al castellano y de pregonar, desde los gabinetes ejecutivos de algunas repúblicas amerindias, un bilingüismo sometido a la expansión ánglica que algunas veces es una máscara del bimudismo, porque nadie puede ser, a la vez, un idiota ‘en español’ y un talento ‘en inglés’, y viceversa, porque se trata de la actividad o pasividad del mismo cerebro [2], aunque se asuma que el bilingüismo es doblemente expresivo, pero nunca se acepte que sobre los escombros de la lengua materna se pueda generar su antípoda, el bimudismo.

¿Qué nos une a esta bronca? ¡Nada!

Romper con Madrid es una urgencia, no sólo por cumplir románticamente con nuestro libertador espiritual, Andrés Bello, sino por cuestiones pragmáticas pues, sabiendo ya que el cataclismo globalizador no sólo ahogará en un osado porcentaje cualquier lengua (en beneficio del dólar o del euro o del yen), nuestro deber es organizarnos para salvar del naufragio de cuatrocientos millones de hispano hablantes, por lo menos, un porcentaje diminuto, aunque ubérrimo, de un dos por ciento [3], señal que representa, en este instante del año dos mil doce, alrededor de ocho millones de personas.

De este modo, cabalgando sobre las múltiples opciones del espacio virtual y, cuando se pueda, del presencial (talleres, ferias, encuentros, etc.) debemos tratar de convertir esos ocho millones de castellanohablantes dispersos, por el mundo, en un mercado único y solidario, un nicho del emprendimiento y de la economía social, donde circulen en calidad de compraventa o de permuta, desde una canción y un libro hasta una representación escénica o un filme, pequeña muestra de la amplia gama de bienes y servicios que genera la constante creatividad y criticidad del pueblo. La fundación de cooperativas y organismos de mutua ayuda, verbigracia, sujetos a la legislación local,  coronarán, con carácter federativo, este esfuerzo plural.

Hablo, pues, de la conformación de una asociación de usuarias y usuarios del castellano, con carácter federal, una o más por país, faena que debe incluir, al Brasil además de los diez de la América del Sur, los seis de la América Central, México en la América del Norte, Cuba y Puerto Rico en el Caribe, y un saldo a salvar de la llamada diáspora hispanounidense, africana y filipina, cada una con sus pastores y pastoras libres en cuanto a iniciativas y a planes de acción pero férreamente confederadas alrededor de tres ejes distintos y un solo objetivo verdadero:

1.- La progresiva independencia lingüística de Madrid.
2.- El retorno provisional al diccionario de 1992.
3.- El énfasis en la escuela primaria que la asociación fomente.

 Propongo, al margen, el retorno al estudio de la ‘Gramática para uso de los americanos’ (entiéndase, hoy, ‘para uso de los castellanohablantes que habiten fuera de Europa o, si lo hacen, allá, estén disconformes con la academia madrileña’), estudio que constituirá una especie de tratado y evangelio) que firmó en Santiago de Chile, en 1847, don Andrés Bello. Y propongo, asimismo, el estudio comparado de aimara, castellano, guaraní, náhuatl y quechua.

Esta lid aparentemente es académica. En el fondo es política en cuanto negociación de cuotas de poder, es neuronal  en  cuanto  activación del lenguaje oral o escrito, y es económica en cuanto asegure la justa retribución financiera a los esfuerzos intelectuales y materiales que integran la base de una industria cultural en expansión.

El patronímico abierto al debate podría ser ‘indocastellano’ o ‘amerindio’. El primero goza de mayor precisión pero aún proclama el sometimiento a Madrid. El segundo, es impreciso en cuanto a la correspondencia entre texto y contexto, pero no deja lugar a dudas acerca de la ruptura definitiva con Madrid. 

¡Así, salvaguardando nuestra herencia de comunicación y ampliando su partitura con las lenguas ancestrales y, a la par, modulando las finanzas autónomas, completaremos la independencia que la ausencia de libertad económica y de equidad social, nos marcó con puntos suspensivos desde los comienzos del occidental siglo diecinueve!

He aquí el sentido y la tarea de este libro.

Sergio Román Armendáriz

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