
Hemos enviado el siguiente mensaje al estimado periodista Mauricio Lizama del Teatro Nacional:
Una plaga recorre nuestra lengua materna: la plaga de los anglicismos. Este sitio está dedicado a la lucha por la defensa del idioma español, lengua espléndida, rica, de infinitas posibilidades expresivas, frente a la corrupción de que es objeto y ante a la cual, las autoridades de educación y cultura parecieran permanecer impasibles e indiferentes.



¡Qué bueno que el MCJ si se apega a esa Ley en su sitio virtual!También hemos enviado este mensaje al ministerio de Cultura y Juventud:

Hola:
Unas reflexiones sobre este tema:
Monolinguismo y dictadura.
Cada uno está persuadido de que piensa libremente: ¡faltaría más!
Pues, no.
Pensamos sólo y exclusivamente dentro del marco de nuestro idioma: de su semántica, de su sintaxis, de sus paradigmas y estereotipos.
A veces, unos simples ejemplos cotidianos son reveladores del fenómeno: un francés dirá "j'ai échappé ma tasse de café", cuando un español declara "se me cayó la taza de café".
En el primer caso el sujeto --el culpable-- soy "yo", puesto que el "yo" realizó la acción; en el segundo no; en el segundo, el sujeto es la taza que realiza la acción, en contra del "yo": ¿desresponsabilización implícita?
Otro ejemplo: la Academia española desconoce la palabra "laicidad"; sólo registra "laicismo". Pero da el caso de que las palabras terminadas en "-ismo" suelen connotar integrismo, sectarismo (como estas mismas pabras).
Entonces, con la palabra "laicismo", ¿se puede pensar una laicidad apaciguada, racional, serena, libre de polémica? Pienso que no.
Un ejemplo más: en Francia, hablando de una persona que se murió, se suele decir "Il a rendu son âme à Dieu" (= Entregó su alma a Dios), cuando en unos países orientales se dice "Entregó su cuerpo a la tierra".
¿Quién es el sujeto "él" en cada una de las situaciones?
¿Se puede filosofar o hablar de religión de la misma manera con unos presupuestos lingüístico-culturales tan dispares?
El monolingue sólo se puede mover en los límites semánticos de su idioma. Un día se me ocurrió escribir un texto titulado "Campo semántico; finca privada; prohibida la entrada". (el dibujo adjunto es mío)
Bien lo entienden los dictadores cuando, lo primero que hacen es anular las diversas lenguas regionales o vernáculas que no sean la del estado, porque el bilingüe es un sujeto poco o mal controlable, en lo más íntimo de su pensamiento. No es adoctrinable.
Es así como entiendo la frase de Carlos Fuentes: "El monolingüismo es una enfermedad curable".
Muy cordial saludo.
Daniel DESCOMPS
Blog: Jouet_Rustique
De don Sergio Román:
Hola:
No sé si no os voy a terminar hartando con mi prosa...
En espera de que no sea así, os pongo a continuación algunas reflexiones más:
¿Ni limpia, ni fija, ni da esplendor?
De ser así, ¡buen ejemplo tenemos aquí de la imprecisión y confusión que caracterizan nuestra decadencia!
Es posible que, como lo dice Sergio Román, la Academia se deje llevar por “la oferta y la demanda”.
Para explicarlo, podríamos aludir primero al simple mecanismo concreto de los teclados: por ejemplo, a mí me cuesta 5 operaciones distintas y/o simultáneas para escribir “á”, o “í”, o “ñ” en un teclado francés. En esta época nuestra de velocidad y precipitación —¿para ir a dónde?—, en la que, más que nunca, el tiempo es dinero, eso se puede entender, pero no perdonar.
Segundo, para analizar este fenómeno lingüístico, voy a valerme de una comparación entre el francés y el español. La ortografía del francés, a menudo, es aberrante, y eso se debe en parte a su idiosincrasia: una lengua de salones, de aristocracia urbana ociosa, en un siglo de afectación, y también a los copistas medievales que, para ganar más dinero, “alargaban las líneas” con letras dobles... Por este motivo, se pueden perdonar algunas faltas en unos sustantivos.
En cambio, el español, lengua más concreta, más de campesinos pragmáticos y parcos, se presta menos a estos laberintos ortográficos, y por lo tanto esas faltas se justifican menos.
Ahora bien, hay que distinguir, por una parte las rarezas ortográficas puramente léxicas, y por otra las faltas que afectan la sintaxis, portadora del pensamiento.
En efecto, la imprecisión y el laxismo en la lengua perjudican directamente el pensamiento: a expresión deficiente e incorrecta, pensamiento deficiente e incorrecto.
Además, a expresión lingüística pobre, expresión corporal contundente para compensar. O sea, incremento de la violencia.
Y con eso vuelvo a mi tema (en femenino, ¿eh?) : ¿cuál es el huevo, y cuál es la gallina? Tengo, para mí que la dejadez que se está observando en la ortografía no es más que el síntoma de la pérdida generalizada de los tradicionales modelos estructurantes —y eso sí, eminentemente cuestionables— que hasta aquí han imperado.
En una época en que sólo se cotiza “la ruptura”, en todos los ámbitos, ¿quién se atreve a cuestionar el modelo sin miedo a pasar por un reaccionario?
A pesar de todo lo dicho, mantengo mi firme admiración hacia la Real Academia de la Lengua; sólo la puedo invitar a que se ciña más a su lema, " Limpiando, fijando y dando esplendor."
Muy cordial saludo.